Tradiciones Sanas

Ancestral Approaches to Health and Wellness

Carta a mi abuelita

Oakland, California, a 3 de febrero del 2007

Mamá Ame,

Tengo pena con usted por no estar mas conectada, mas informada de su vida, de cómo se siente día a día, como va avanzando el tiempo y con el creciendo su sabiduría.

Creo que en algún momento alguien – no sé si aquí en este país o en México – alguien me convenció de que la escuela y la carrera y salir de los apuros económicos son las metas que tengo que tener presentes.

Ha sido difícil para mi haber entregado diez años de mi vida a la escuela y a mi carrera, porque aunque me gusta, mi deseo desde que tengo 16 años ha sido estar a su lado como una sombra, mirando como hace usted las cosas con sus manos y sus ojos, como escoge flores en el mercado, como besa la verdura cuando esta bonita, porque viene de la tierra, y de ahí venimos todos.

He querido estar a su lado y ser su pluma, para que yo con mi mano rápidamente escribiera todas las poesías que usted decía de repente cuando regaba sus plantas o le daba de comer a sus cocoles.

He querido nutrirme de sus conocimientos desde que me enseñó a convertir el maíz en nixtamal y me puso a molerlo en el molino y después en el metate; desde que en su patio puso una estufa de leña para hacer buñuelos para todos los hijos y nietos, pasando horas preparando la harina, quemándose de repente con el aceite hirviendo, todo por la satisfacción de ver a sus hijos y los hijos de sus hijos alegres, disfrutando y llenándose los dedos de dulce.

La vez que la fui a ver a Can Cun le dije que con usted he aprendido más que en las mejores universidades de estados unidos. Usted me dijo, ‘Ay, hija, qué cosas dices” – porque no me creía. Y yo no supe como explicarle que era cierto. Que la escuela tiene sus cosas buenas pero llena el cerebro de soberbia. Y que usted es maestra de la humildad, de la generosidad, de la entrega de amor, de la poesía, de la honestidad, del cuidado humano. Que usted me ha dado la herencia más sagrada: el ser una mujer íntegra, honesta, humilde. No hay maldad en usted, y tampoco en mí. Usted me enseñó a amar hasta las cosas más pequeñas, a inspirarme de versos cuando camino en los montes.

Tengo mucha pena con usted porque he dejado pasar el tiempo sin explicarle todo el bien que me ha hecho, como es usted la raíz mía, mi maestra más amada.

Ahora estoy aquí con licenciatura y maestría pero sintiéndome atrapada por las deudas en que me metí para terminar la carrera. Y estoy llena de ganas de verla.

Y ahora que usted está enferma me siento tan mal de estar lejos. Quiero verla, platicar con usted, leerle algunas poesías, preguntarle de nuevo sobre las yerbas, sobre Puebla. Quiero ir por flores al mercado y escogerle unas bonitas. Quiero hacerle un atole. Tengo todas las ganas de verla y estar con usted.

Voy a hacer esfuerzos para ir a visitarla lo más pronto posible. Para decirle en persona lo mucho que la quiero. Para que usted me platique como se siente.

Mientras tanto la tengo presente en mi corazón y en mi altar, y voy a rezar por su salud, su felicidad, que Dios le recompense todos los años que usted entregó su amor, su esfuerzo, trabajo, y cariño para los demás.

Nos vemos pronto, abuelita linda.

Su nieta,

Rubí

 

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